Archive for marzo, 2010

En la ciudad de Murcia se celebra la Semana Santa más alegre de toda España. La gente se agolpa en las aceras a lo largo de las Procesiones, extendiendo sus manos para llenar de golosinas las bolsas de sus chaquetas y pantalones.
La celebración de la Semana Santa en España es uno de los eventos turísticos y religiosos más llamativos del mundo. Cada año millones de personas viajan a este país entre los meses de marzo y abril para disfrutar en familia del colorido de estas fiestas y deleitarse con los quesos, los vinos y la pasión que caracteriza a los españoles.

De todas las ciudades españolas en la que se celebra la Semana Santa, una de las más peculiares es la de la ciudad de Murcia, ubicada al sur de Península Ibérica y muy cerca del Mar Mediterráneo. En estas fechas los miles de cofrades y penitentes inundan las calles de la ciudad vestidos de “Nazareno”; con típicos atuendos y túnicas de vivos colores, llevando velas, candelabros y flores para participar con alegría y fervor religioso en las múltiples procesiones que tienen lugar día y noche durante la Semana Mayor.

Una de las principales características de la Semana Santa en Murcia – y que la hacen la más alegre de toda España – es que los miembros de las Cofradías, al tiempo que marchan por las calles de la ciudad, reparten caramelos y todo tipo de dulces a la gente que se agolpa con entusiasmo desde las aceras y a lo largo de las procesiones, extendiendo sus manos para llenar de golosinas las bolsas de sus chaquetas y pantalones. Durante los diez días que duran las fiestas, en Murcia se llegan a repartir cerca de 50 toneladas de dulces y regalos.

En otras ciudades de España las Procesiones se caracterizan por guardar un silencio riguroso. Al tiempo que en los desfiles de la Semana Santa de Murcia, la fe y el fervor religioso van de la mano con la generosidad y alegría que caracterizan a los murcianos, un pueblo hospitalario que abre sus brazos a los turistas ofreciéndoles cómodas instalaciones, hermosísimos paisajes naturales y deliciosos platillos típicos.

Las noches murcianas son el deleite de todos, pues su cielo abierto y cargado de estrellas se ilumina con la llama de las velas, los cirios y candiles. El aire cálido de la primavera se impregna con el aroma de incienso y azahar, la flor del naranjo, una de las frutos que abundan en la zona.

En estas fechas, Murcia convierte sus calles en museos populares donde todos pueden disfrutar de una magnífica colección de imaginería religiosa de gran valor artístico.

Los llamados “Ocho Pasos del Salzillo” son el máximo exponente de este tipo de arte. Esta es una serie de imágenes que recrean la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús y que fueron creadas por Francisco Salzillo, escultor religioso del barroco español nacido en Murcia en 1707. Sus obras son representaciones hiperrealistas en tamaño natural que representan pasajes bíblicos y se encuentran adornadas por gigantescos escenarios barrocos.

Son 16 las procesiones que engalanan las calles de Murcia en la Semana Mayor

Son 16 procesiones que recorren las calles de Murcia durante la Semana Santa, desde la madrugada del Viernes de Dolores hasta la tarde del Domingo de Resurrección. Algunas de estas manifestaciones tienen su origen en la Baja Edad Media y desde entonces han conservado intactas sus tradiciones. Tal es el caso de la “Archicofradía de la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo”, mejor conocida como “Los Coloraos”, cuya creación data de 1411. Igual sucede con la “Cofradía del Salto Sepulcro” (1570) y la de “Nuestro Padre Nazareno” (1600), conocida popularmente como “Los Moraos” o “Los Salzillos”, pues tiene como misión el cuidado y el traslado de las imágenes creadas por Francisco Salzillo.

El día de Ayer celebramos los Católicos “Domingo de Ramos”, el recibimiento de Jesús en Jerusalen, y en el Distrito de Pachacámac se celebró con mucha fe católica y devoción de los lugareños y visitantes domingueros…

Aquí les dejamos una reflexión e imágenes de la Celebración…

Se celebra la entrada solemne de Jesús en Jerusalén en olor de multitudes, las mismas que cinco días más tarde rechazarán su liberación, prefiriendo a Barrabás, y se desgañitarán gritando: “Crucifícalo, crucifícalo”.
Por eso la iglesia decidió celebrar ese minuto de gloria de Jesús y esa lucidez momentánea del pueblo que gritaba tras él: “Hosanna al Hijo de David”.

Se distingue especialmente esta fiesta por la bendición de los ramos, que son un glorioso vestigio del culto a la naturaleza.
A los ramos bendecidos este día en el exterior de la iglesia para ir luego a ella en gozosa profesión, se les atribuyen no pocas virtudes, especialmente de protección de las casas contra rayos y otras calamidades naturales, por eso los vemos colgados en los balcones de muchas casas hasta el miércoles de ceniza, en que se queman para preparar con ellos la ceniza que servirá para la ceremonia de la imposición de ceniza con el “Memento homo quia pulvis es et in púlverem reverteris: Recuerda, hombre, que eres polvo, y al polvo volverás”. Justo ahí, en esas palabras, se cierra el bello ciclo de los ramos de este domingo.

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Ayer Viernes 26 de Marzo, en el Distrito de Pachacámac se llevó a cabo la Procesión de la Venerada Imagen de la Virgen Dolorosa por las Calles de la Localidad.

El misterio de la participación de la Virgen madre dolorosa en la pasión y muerte de su Hijo es probablemente el acontecimiento evangélico que ha encontrado un eco más amplio y más intenso en la religiosidad popular, en determinados ejercicios de piedad (Vía crucis, Vía Matris…) Y, en proporción con los demás misterios, también en la liturgia cristiana de oriente y de occidente. Es curioso cómo estas tres dimensiones de la piedad están idealmente unidas en la liturgia de rito romano en el Stábat Mater, atribuido a Jacopone de Todi, secuencia nacida en un contexto de intensa religiosidad popular, utilizada de varias maneras en los ejercicios piadosos y, aunque de forma facultativa, presente en la liturgia de las horas y en la liturgia de la palabra de la misa del 15 de septiembre de la Virgen de los Dolores. Esta singularidad revela que las tres áreas de piedad que hemos señalado, dejando aparte ciertas intemperancias ocasionales, reflejan agudamente lo esencial del misterio evangélico.

Pero el dolor de la Virgen, aunque encuentra en el misterio de la cruz su primera y última significación, fue captado por la piedad mariana también en otros acontecimientos de la vida de su Hijo en los que la madre participó personalmente. En general, se suele considerar el dolor de la Virgen en la infancia de Jesús y no sólo en su pasión. La meditación cristiana captó y en cierto modo fue codificando progresivamente a lo largo de los siglos siente sucesos dolorosos, siete episodios bíblicos en los que está atestiguada expresamente o intuida por la tradición la participación de María.

Se recuerda la subida al templo de José y de María para presentar allí a Jesús a los cuarenta días de su nacimiento, con la relativa profecía del anciano Simeón: “Una espada atravesará tu alma” (Lc. 2, 34-35). Espada que es, “según parece, la progresiva revelación que Dios le hace de la suerte de su Hijo”; espada que penetrando en María le hará sufrir; espada que penetrando en María le hará sufrir; espada símbolo del camino doloroso de la Virgen, que en la tradición posterior será asumida como signo plástico de los dolores sufridos por la madre del redentor y representada luego en número de siete puñales clavados en el corazón de la Virgen.

El camino de fe de la Virgen se vio muy pronto marcado por un nuevo suceso doloroso: la huida a Egipto con Jesús y José (Mt. 2, 13-14). Y una vez más, durante la infancia de Jesús, el suceso de la pérdida en Jerusalén y la búsqueda ansiosa y dolorida de María y de José (Lc 2, 43ss), que se concluirá con el hallazgo del Hijo en el templo, nuevo motivo de meditación y de interpretación sobre la voluntad de Dios en el corazón de la madre. La contemplación de la tradición ha querido descubrir en la subida de Jesús con la cruz al Calvario la experiencia síntesis del camino de fe de la madre, y aunque los evangelios no mencionan nada de eso, la piedad tradicional ve también la presencia de María en el encuentro de Cristo con las mujeres (Lc 23, 26-27). Como ya se ha dicho, es en el acontecimiento de la crucifixión donde encontramos el significado primero y último de la Dolorosa: “Estaban en pie junto a la cruz de Jesús su madre, María de Cleofás, hermana de su madre, y María Magdalena. Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo que él amaba, dijo a su madre: Mujer, he ahí a tu hijo. Luego dijo al discípulo: He ahí a tu madre” (Jn. 19. 25-27a). Y una vez más la devoción de los fieles quiso prolongar la participación amorosa de la madre en la muerte redentora del Hijo recordando, como en un díptico, la acogida en el regazo de María de Jesús bajado de la cruza (Mc 15, 42), acontecimiento objeto de atención particular por parte de pintores y escultores, y la entrega al sepulcro del cuerpo exánime de su Hijo (Jn 19, 40-42a).

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